martes, 22 de julio de 2014

El cese al fuego

Años sin publicar y quise retomar esta ventana porque se hace necesario.

Hace rato que no prendo la televisión para ver noticias, la dejé por burda y morbosa hasta que comencé a escuchar por la radio los conflictos que azotan nuevamente a las fronteras judías-islámicas o islámicas-judías (como usted prefiera).

¿Remecen las cifras de muertos? No.
Los números no mueven el piso, no molestan, no golpean ni duelen. Lo que angustia y aflige es lo que sucede: "Necesitamos al menos dos horas de cese al fuego para ir a buscar heridos y cuerpos", "Caen bombas del cielo y atacan ancianos y niños", "Denme paz"... frases, historias, relatos de personas como nosotros que están perdiendo familiares, amigos, ilusiones y sonrisas.

Además de las cifras, la distancia nos enfría. No nos podemos imaginar todo este dolor ya que no lo sentimos cercano. Pero no es difícil, cierren los ojos e imaginen que están sentados en una esquina de su pieza junto a su madre que llora porque no volverá a ver su marido y escuchan que a lo lejos llora un niño, se asoman a la ventana y ven que busca entre los escombros a alguien de su familia. Eso está pasando todos los días y súmenle a esto, el olor a sangre, noticias alarmantes y sonidos de ataques en forma permanente.

Desde una isla lejana me informo de esto e hice el ejercicio que les indiqué anteriormente y me parece increíble que civilizaciones maravillosas no logren paz, que los discursos extremistas los dejen sordos y no encuentren el diálogo.

Le bajo el perfil a esta situación y la llevo a la altura de dos vecinos que comparten una muralla. Uno de ellos tiene un árbol y sus hojas caen en el césped del otro vecino, éste aburrido de limpiar decide cortar todas las ramas. Es en ese momento, que el otro vecino se molesta y lo encara. Esto genera impotencia y odio mutuo que no cesa.
Ahora bien, ¿Qué pasaría si un día, estos vecinos se ponen en el lugar del otro? Quizás se volverían a saludar.

Puede que sea muy básico el ejemplo, pero quizás esto falta... ponerse en el lugar del otro.

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